martes, 12 de octubre de 2010

LA CASA DE BERNARDA ALBA . Material preparado por Hugo Caro

La casa de Bernarda Alba es la última de las tres grandes obras que junto a Bodas de sangre y Yerma constituyen la gran trilogía trágica de Federico García Lorca.
El autor construye su tragedia a partir de un tema universal de la literatura: la irresistible fuerza de la pasión amorosa.
Es justamente esa pasión irrefrenable la que, actuando como una fuerza superior, arrastrará a los protagonistas a la desgracia y a la muerte. Los personajes, a semejanza de la tragedia griega, son así víctimas del phatos (destino, sino, fato) que se impone a cualquier voluntad humana provocando la fatalidad, lo inevitable.
“ADELA: Nadie podrá evitar que suceda lo que tenga que suceder”
Para el poeta andaluz, como él mismo afirmaba, era evidente que entre la poesía y el teatro todos son vasos comunicantes:
“El teatro es la poesía que se levanta del libro y se hace humana. El teatro necesita que los personajes que aparezcan en la escena lleven un traje de poesía y al mismo tiempo que se les vea los huesos, la sangre.”
Cuidando particularmente las sutiles transiciones de prosa a poesía que caracterizan la obra.
“Venga en buena hora la poesía en aquellos instantes que la disipación y el frenesí del tema lo exijan.”

Temas
Podemos encontrar en la obra, la presencia de temas que por su recurrencia, no sólo en La casa de Bernarda Alba sino en toda la producción lorquiana, constituyen verdaderas líneas de sentido o de significación (isotopías):

          La importancia de la presencia femenina

Ya desde el subtítulo de la obra es notable la referencia a lo femenino:
                “Drama de mujeres en los pueblos de España”

Inmediatamente notamos que un simple repaso por el elenco nos está mostrando la hegemonía exclusiva de mujeres: quince personajes femeninos individualizados, y un personaje coral (Mujeres de luto); constituyen en forma exclusiva los caracteres de esta obra. Todo esto reforzado por el hecho singular de que no hay ningún papel masculino.
La figura de la madre es fundamental en la dramaturgia lorquiana y tiene un claro antecedente en la  Madre autoritaria de Bodas de sangre.
Dicho personaje central tiene, como Bernarda, la obsesión por la clausura femenina:
 Hace veinte años que no he subido a lo alto de la calle.” (B de S)
La mujer vive en lo interiores; la calle es para los hombres y las mujeres indecentes. Así le describe a la novia, nada más conocerla, la vida de casada:
“Un hombre, unos hijos y una pared de dos varas de ancho para todo lo demás” (B de S)
“Hilo y aguja para las hembras. Látigo y mula para el varón.” (LCBA)

Por otra parte, la novia de Bodas de Sangre del mismo modo que Adela, la hija menor de Bernarda Alba, son personajes que no podrán resistirse al empuje ciego de la pasión amorosa que las conduce a la perdición propia y a la de quien se interponga en su camino.
Las mujeres llevan adelante la carga emotiva y la acción principal. Esta es una característica muy marcada e importante del teatro lorquiano (La zapatera prodigiosa, Doña Rosita la soltera, …) que toma fundamental relevancia en su trilogía dramática: Bodas de sangre, Yerma (la historia de una mujer torturada por la angustia desesperada que le produce su infertilidad, su imposibilidad de tener hijos) y La casa de Bernarda Alba (la historia de una mujer que tras la muerte de su marido, impone en su casa un riguroso duelo de encierro para ella y su familia compuesta por sus cinco hijas mujeres).
        
          El honor

Íntimamente relacionado con el tema anterior, encontramos el tema del honor. Bernarda se considera la encargada de custodiar el honor de su familia y llevará hasta las últimas consecuencias esta postura. Aun cuando los hechos le demuestran lo que nunca quiso observar, ella se empeña en luchar a ultranza por la honra de sus hijas y, sobre todo, la suya propia.
“¡Mi hija ha muerto virgen! Llevadla a su cuarto y vestidla como si fuera doncella.”

En una sociedad sometida por el peso de las apariencias y del “¡Qué dirán!” el honor constituye un mandato que se impone más allá de la voluntad de los propios personajes.
                “ ...las novias se ponen velo blanco (...) pero nos pudrimos por el qué dirán.”

La imposición del luto riguroso, que incluye hasta el color de los abanicos (!), la prohibición de que María Josefa se acerque al pozo porque “las vecinas pueden verla desde su ventana”, el temor de Poncia de vivir en una casa deshonrada, y hasta la negación de la realidad por parte de Bernarda Alba, “¡Mi hija ha muerto virgen!”, son ejemplos de la importancia, impuesta desde lo social, que tiene el honor para estos personajes.

            La atracción sexual
Lorca tiene la mirada del autor trágico: las pasiones azotan a sus criaturas, las sacuden y las arrastran, sin que el poeta intervenga para detener su marcha hacia un fin desastroso. Es el destino el fatum de los latinos, el phatos de los griegos.
El amor insatisfecho, imposible, combatido o no correspondido, el amor en su gama más amarga es el tema recurrente de toda la producción teatral de Lorca; y junto a él, los temas íntimamente asociados: la pasión indomable, la muerte, el paso del tiempo, la injusticia que suponen las convenciones sociales que oprimen y asfixian al amor.
 El amor no repara en convenciones sociales o “naturales” y echa sus raíces en parejas que él elige al azar y sobre las que actúa como una fuerza trágica.
 Esa fuerza va creciendo en el interior de los personajes, la pasión sexual cobra de la mano de Lorca una autonomía que se volverá descontrolada y que arrastra a los seres a un final siempre trágico. El primer aviso de la presencia de esta fuerza aparece, como un hecho externo y anecdótico como lejano a la casa de Bernarda, encarnada en Paca la Roseta:
“PONCIA: ...Anoche (...) se la llevaron a la grupa del caballo hasta lo alto del olivar.
BERNARDA: ¿Y ella?
PONCIA: Ella, tan conforme. (...)
BERNARDA: ¿Y que pasó?
PONCIA: Lo que tenía que pasar.”

Pero esa pasión se interna en la casa y comienza a crecer como un fuego (que es, de paso, una de las simbolizaciones, junto al calor, la sed o el río, del deseo amoroso) en el interior de algunas de las mujeres (Adela, Martirio y hasta María Josefa).
“Ésa tiene algo. La encuentro sin sosiego, temblona, asustada, como si tuviera una lagartija entre los pechos”

La Poncia se da cuenta de esto y trata de advertir a la menor de las hijas:
“¡Mata esos pensamientos!”

Pero Adela lo dice con toda claridad:
 “Es inútil tu consejo. Ya es tarde. (...)  ...por encima de mi madre saltaría para apagarme este fuego que tengo levantado por piernas y boca.”
Ese fuego, esa fuerza irrefrenable será, en definitiva, la causante de la tragedia.
            Autoridad frente a libertad 
  La oposición entre el  principio de autoridad y el de libertad, con diversas manifestaciones: civilización frente a naturaleza, moral versus instinto, realidad frente a imaginación o deseo, es una de las situaciones dramáticas básicas sobre la que se estructura el drama lorquiano.
  Cuando esta tensión bipolar es extrema, como en La casa de Bernarda Alba, la acción alcanza la categoría de lo trágico.
   La autoridad aparece encarnada en la figura de Bernarda Alba. Su figura es omnipresente y su autoridad se preanuncia aun antes de que aparezca en escena:
“CRIADA: ¡Si te viera Bernarda!
“PONCIA: ...¡Mandona! ¡Dominanta!...”

Y cuando por fin aparece lo hace en forma contundente con una orden tajante con una sola palabra que encierra y simboliza (una vez más) toda su autoridad:
“Silencio”

Esa expresión va tomar una dimensión definitiva al finalizar la obra, pues son las últimas palabras de Bernarda y marcan la culminación del drama.
Por otra parte, Adela la más joven de las hijas es la que representa el espíritu de libertad que va a cuestionar el poder tiránico de su madre y que terminará rebelándose contra el mismo.
Entre esos dos puntos extremos de tensión es interesante atender al personaje de La Poncia que  oscila entre ambos. Por un lado La Poncia sufre constantemente el autoritarismo de Bernarda pero por otro pretende erigirse ella también en una censora de las actitudes de Adela.
            Las diferencias entre el hombre y la mujer
Hemos señalado la importancia de la presencia femenina en la obra de Lorca al hablar del protagonismo que las mujeres tienen, especialmente en su teatro. Sin embargo, y a pesar de dicho protagonismo, es clara la denuncia respecto a la opresión que la mujer sufre en la cultura mediterránea.
La casa de Bernarda Alba es una pieza paradigmática en lo que respecta al tratamiento del tema de las diferencias de género. Por un lado hay que destacar que, aunque en la obra no hay ningún papel a cargo de hombres, la presencia de lo masculino va tomando poder en forma paulatina a medida que se desarrollan las escenas hasta tener una omnipresencia que atraviesa a los personajes y sus diálogos hacia el final de la tragedia. En efecto, la figura de Pepe el Romano va creciendo poco a poco hasta erigirse en una presencia gigantesca que acabará, sin aparecer jamás en escena, devorando a las mujeres en el interior de la casa.
Por otro lado, a lo largo de la obra, las diferentes mujeres irán marcando la situación de desigualdad y de injusticia en que se encuentran socialmente en relación a los hombres.
“MAGDALENA: ...Prefiero llevar sacos al molino. Todo menos estar sentada días y  días dentro de esta sala oscura.

“BERNARDA:  Hilo y aguja para las hembras. Látigo y mula para el varón.”

“MARTIRIO: ...Su novio no la deja salir ni al tranco de la calle
AMELIA: Ya no sabe una si es mejor tener novio o no.”

“AMELIA: Nacer mujer es el mayor castigo.”

           Las diferencias sociales

Otro tema presente en La casa de Bernarda Alba es el de las diferencias sociales. De forma clara lo podemos observar en el trato que da Bernarda a La Poncia encargándose de marcar en forma contundente:
“PONCIA: ...Tenemos o no tenemos confianza.
BERNARDA: No tenemos. Me sirves y te pago. ¡Nada más!”

“BERNARDA: ...Obrar y callar a todo es la obligación de los que viven a sueldo.”

“BERNARDA: ...Los pobres son como los animales. Parece como si estuvieran hechos de otras sustancias.”

Pero no sólo Bernarda marca estas diferencias, subyacen en los diálogos de otros personajes.
“MUJER 1ª: Los pobres sienten también sus penas.”

“ADELA: ... No por encima de ti que eres una criada, por encima de mi madre saltaría...”

El tema de las diferencias sociales cobra una mayor importancia porque dentro de la casa existe no sólo con relación a la servidumbre sino entre los miembros de la familia. Angustias es heredera de un padre diferente al del resto de las hermanas y esto la pone en una situación privilegiada con respecto a las mismas.
Ligado a las diferencias sociales aparece el tema del interés por el dinero. Pepe el romano tomará a Angustias por esposo, pese a la diferencia de edad, a que es fea y a su preferencia por Adela, sólo por su condición económica.

Análisis de la simbología

En la obra de Federico García Lorca, tanto en su poesía como en su obra dramática, podemos encontrar una fuerte impronta de elementos simbólicos que le otorgan un carácter único y a la vez universal.
Es así que en La casa de Bernarda Alba podemos hallar la presencia importante de símbolos entre otros:

·         Los colores
·         El agua
·         El caballo
·         El bastón
·         Los nombres

       Los colores
Antes de comenzar la obra en sí, encontramos una advertencia que dice:
            “El poeta advierte que estos tres actos tienen la intención de un documental fotográfico.”
Uno de los significados de esta frase polisémica es que toda la pieza está planteada, desde lo visual, en blanco y negro (como era la fotografía por los años treinta).
En efecto, desde lo blanco de las paredes de la casa hasta el negro del riguroso luto de las mujeres que abarca no sólo a la ropa y a las mantillas sino hasta los abanicos, La casa de Bernarda Alba está signada por la monocromía.
Son, por otro lado, tanto el blanco como el negro dos colores que pueden ligarse con la muerte,  el negro desde la más antigua tradición cultural y el blanco desde lo literario en la simbología de Federico García Lorca. En toda su obra, tanto poética como dramática, podemos encontrar el color blanco ligado a la muerte, más de una vez el poeta se encargó de mostrar que este color era, desde su perspectiva, por su frialdad y su contundente pureza, el color de la muerte. Podemos observar esta concepción en poemas como “Romance de la luna, luna” donde la luna con su blancura simboliza a la muerte; o en piezas teatrales como Bodas de sangre donde la muerte aparece personificada vistiendo riguroso blanco.
En este ámbito de monocromía, la escasa presencia de otros colores cobra una dimensión simbólica extraordinaria. Será por eso que el abanico con flores de color escandaliza tanto a Bernarda, por no hablar del vestido verde que se pone a hurtadillas Adela, contradiciendo la orden de estricto luto. Es justamente el color del vestido el que representa, por un lado a la naturaleza con toda su fuerza vital y por otro, a la juventud con toda su rebeldía.
Por último podemos atribuir al blanco otra significación, la de la pureza, y es por eso que se puede apreciar una paulatina y progresiva pérdida de la misma a lo largo de la obra. Es así como podemos observar que en el primer acto la habitación aparece blanquísima, en el segundo acto, blanca y en el tercero las paredes ligeramente azuladas, como indicando una paulatina contaminación relacionada a la pureza, tanto dentro como fuera de la casa.
              
         El bastón
El bastón que lleva Bernarda Alba se constituye en un símbolo de poder que se relaciona con una vieja tradición: el bastón de mando que era portado por reyes, emperadores y que llega hasta la actualidad (en sistemas democráticos hasta los presidentes portan un bastón presidencial).
Por otra parte el bastón puede ser visto como un arma y en este sentido relacionarse con el cuchillo. El cuchillo, o más precisamente la navaja, que es su variante popular en España, es uno de los símbolos más característicos y recurrentes en la literatura de Lorca; están ligadas a la muerte violenta y también, por lo tanto, a lo masculino (ver “Diálogo del Amargo”, en Poema del cante jondo y “Reyerta”, en Romancero Gitano).
En Bodas de sangre se aparta de los hechos reales (donde la muerte se produce por dos disparos) para recurrir a su símbolo.
Las navajas aparecen como objetos con vida propia, o que responden a fuerzas superiores o un destino (fato) son elementos fatales… trágicos…
“MENDIGA - …las navajas ya saben el camino.”  (B de S)

Por último tanto el bastón como el cuchillo pueden ser entendidos como símbolos fálicos y en este sentido relacionarse en forma directa con el poder masculino que se impone sobre la mujer. Es por ello que cuando Adela quiebra el bastón de Bernarda está rompiendo mucho más que un objeto, se está liberando de la opresión a la que su madre la tiene sometida.

          El caballo
Otro símbolo característica de la producción tanto poética como teatral de Federico García Lorca es el caballo.
A igual que el cuchillo, el caballo está presente en su poesía y en su teatro, especialmente en sus tragedias. 
Se relaciona con lo masculino y con lo primitivo, lo instintivo. El caballo está unido al destino trágico. El caballo es el elemento móvil de la tragedia en la obra de Lorca.
En Bodas de sangre aparece relacionado con Leonardo, el encargado de romper el orden social establecido raptando a la Novia el día de la boda, desatando así la tragedia.
Al final del primer acto la Criada recuerda haber escuchado un jinete al amanecer. Y el acto finaliza con la amenaza del jinete.
Al comienzo del segundo acto vemos que Leonardo es el primeo en llegar y que vino “a caballo”.
En el tercer acto el caballo cobra una dimensión mítica:
“LEÑADOR 3- …lleva un buen caballo.”

“LEONARDO- …No hay más que un caballo en el mundo…”

En La casa de Bernarda Alba el caballo  aparece relacionado con Pepe el romano y es un caballo garañón es decir un semental. Es por lo tanto, un símbolo de fuerte  connotación sexual. Su apetito sexual lo llevará a golpear las paredes (símbolo del encierro) amenazando con voltearlas. Y Adela lo verá “Doble de grande. Llenando todo lo oscuro.”     

          El agua
Es uno de los cuatro elementos. En cuanto símbolo, el agua aparece con diferentes y opuestas significaciones:

·         El agua como pozo
El pozo aparece en la obra como agua estancada y en este sentido como símbolo de muerte, en oposición al río que, como veremos, está simbolizando la fuerza erótica y por lo tanto, la vida. Bernarda habla de:
“...Maldito pueblo sin río, pueblo de pozos, donde siempre se bebe el aguaron el miedo de que esté envenenada.”

·         El agua como río
En el otro extremo aparece el río simbolizando, como dijimos, la fuerza, la pasión amorosa. La novia de Bodas de sangre define a su amante, con el que ha escapado el mismo día de su casamiento, como: 
“...un río oscuro, lleno de ramas, que acercaba a mí el rumor de sus juncos...”
Es exactamente la misma imagen que Adela utiliza para referirse al hombre cuya atracción no puede manejar:
“...Pepe el romano es mío. Él me lleva a los juncos de la orilla.”

Por otro lado, y directamente relacionada con el símbolo del agua aparece la sed. En este caso la sed se equipara con la pasión, el deseo sexual que se convierte en necesidad física, en demanda de aquello que es representada por el agua que corre. Desde María Josefa hasta Martirio y Adela manifiestan en determinados momentos su sed.

          Los nombres
Por último todos y cada uno de los nombres están cargado de significación, siendo la misma bastante evidente.

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