martes, 12 de octubre de 2010

María Josefa

(Ensayo de Carolina Giordano)
María Josefa es uno de los personajes secundarios de la obra La Casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca. Es la madre de Bernarda Alba, a pesar de su encerramiento y aparente demencia expresa grandes verdades.
            En primer lugar, María Josefa posee uno de los nombres que la crítica le reconoce cierto simbolismo: su nombre tiene connotación religiosa ya que “María”, se dice, hace referencia a la Virgen María y José, al padre de Jesús y esposo de María. A su vez, María significa estrella de mar, lo que resulta significativo de mencionar ya que el constante anhelo de la anciana de irse al mar es un tema frecuentemente mencionado en los diálogos de la misma. Por otro lado, José también significa “el puro”, lo que presenta una relación con el personaje dado que María Josefa es pura y transparente, pero debe ser encerrada por Bernarda por temor a arruinar la reputación de la misma debido a su locura insana.
            Aunque pocos detalles son otorgados del aspecto físico de María Josefa a lo largo de la obra, esta es mencionada como “la vieja” que tiene “unos dedos como cinco ganzúas” por La Poncia, refiriéndose a su habilidosa manera de escapar de su encierro a pesar de carecer de llave. Se la caracteriza también a la anciana como “viejísima” pero, a pesar de sus ochenta años de edad, es  “fuerte como un roble”, según la criada de la casa.  Por lo tanto se puede deducir que el aspecto físico más destacado de la madre de Bernarda es su avanzada edad, que como se verá en el desarrollo de la obra muchas veces la hará menos creíble, aunque no menos fuerte de carácter o físico.  
            En lo que respecta a lo espiritual, María Josefa demuestra ser una mujer fuerte en sus pensamientos, los cuales la misma transmite sin importar lo que esto cause a quien la escuche: “Nada de lo que tengo quiero que sea para vosotras (…) porque ninguna de vosotras se va a casar.” Este personaje transmite verdades que pueden pasar inadvertidas debido a su locura, verdades que las hijas no desean admitir pero que saben que son, sin duda alguna, verdades. Sin embargo, se demuestra que María Josefa solo busca la libertad, la posibilidad de poder irse a su pueblo y “casarse con un varón hermoso de la orilla del mar”, por lo cual no puede considerarse que haya maldad en ella. La anciana, sin embargo, dice que Bernarda la alimenta con “carne de perro” por lo que se puede deducir que ella, a pesar de su deterioro físico y mental, es una mujer exigente y demandante, capaz incluso de haber sido parecida a Bernarda en sus años de lucidez. María Josefa carece de virtudes excepto la de poseer la locura insana que la hace decir verdades.
            Por su parte, la posición socio – económica de la anciana puede ser descripta como alta ya que se mencionan entre sus posesiones “anillos”, “pendientes de amatistas” y un “traje negro de moaré” lo que indica que ella es o ha sido de clase alta. También se hace mención  a una “gargantilla de perlas” que guardaba en su “cofre”, lo que una vez más indica que María Josefa tenía posesiones valiosas aunque no tenía ocasión de usarlas debido a su encierro.
            Por otro lado, la relación de María Josefa con el resto de los integrantes de la casa se ve condicionada, a lo largo de los tres actos que componen la obra de Lorca, fuertemente por su condición de locura.
La criada de la casa de Bernarda es la principal encargada de encerrar a María Josefa y la que evidentemente tiene mayor contacto con la misma. Sin embargo, la criada cumple el rol de evitar que la anciana se escape y de recibir órdenes tanto de La Poncia (quien debe asegurarse de que “la vieja” esté encerrada y advertir a la criada de las habilidades para escapar de la anciana) como de Bernarda misma. Se puede decir entonces que la relación entre la criada y María Josefa no va más allá de la obligación, ya que la primera es la encargada de sujetarla y, para evitar que llame a Bernarda, debe taparle la boca con un costal vacío. La relación con María Josefa está establecida por las órdenes de Bernarda, vista entonces como la mayor responsabilidad de la cual la criada debe hacerse cargo, ya que si fracasa deberá vérselas con la déspota Bernarda.
Además, Bernarda se muestra avergonzada de su madre a lo largo de la obra. En vez de estar preocupada por su locura o necesidades, mantiene a su propia madre encerrada por vergüenza a que los vecinos la vean en ese estado. Bernarda, por lo tanto, no siente amor filial por su madre, solo una gran preocupación de que la anciana sea vista en público y de la posibilidad que revele verdades e información sobre los quehaceres de la casa. Esta preocupación de Bernarda se ve claramente expresada cuando María Josefa escapa; Bernarda le da permiso a la criada de que la lleve a desahogarse al patio pero no cerca del pozo, no por temor a que la anciana se caiga, como lo supone la criada, sino porque “desde aquel sitio las vecinas pueden verla desde su ventana”.  Por lo tanto, Bernarda, con tal de evitar que su imagen sea arruinada, mantiene una relación lejana con su madre, a la que decide ocultar con fervor.
La relación de María Josefa con las hijas de Bernarda, sus nietas, es tan o aún más distante que con la de su propia hija.  Para las nietas, como para el resto de las integrantes de la casa, la abuela casi no existe ya que María Josefa se encuentra encerrada, excepto cuando escapa. En el acto primero, la criada cuenta cómo María Josefa “ha sacado del cofre sus anillos, y los pendientes de amatistas, se los ha puesto y me ha dicho que se quiere casar” ante lo cual las mujeres ríen. Esto demuestra cierto acto de burla hacia su abuela, a la cual ven como un caso perdido, su locura la vuelve objeto de burlas y digna de ser  ignorada. Sólo en una escena se encuentra María Josefa sola con una de sus nietas, Martirio.
            La característica más destacada de María Josefa es su aparente locura. Pero resulta que  entre palabras locas dice verdades reales y poéticas sobre la familia de Bernarda Alba. María Josefa expresa lo que ninguna de las hijas se atreve a decir: el deseo de libertad, de amor, de maternidad, etcétera. Da una mala imagen de Bernarda, por lo que ésta la mantiene siempre encerrada en el desván. Sus referencias al mar (casarse en la playa, llevar perlas, etc.) son parte de la imaginería poética de García Lorca y están relacionadas con el origen de la vida. (Ver símbolos)

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